miércoles, 11 de marzo de 2015

VERDADES Y MENTIRAS
Para discernir entre proposiciones verdaderas y falsas, apreciaciones verosímiles e inverosímiles y evaluar teorías según el grado de “garantía racional” a la luz de los datos disponibles, existe una herramienta que en las manos correctas es eficiente y se conoce como “método científico”.
La pseudociencia sostiene en su defensa que no existe modo de calibrar la “garantía racional”; este es en realidad el origen del pensamiento “escéptico”.
Entonces se corre el riesgo de aceptar que el “conocimiento” es subjetivo y por lo tanto, las conclusiones no tienen porqué ser racionales, basta con que cada uno adapte las conclusiones a su conveniencia social, política, psicológica, etc, deshaciendo el núcleo de verificación por medio del conocimiento y el discernimiento, dejando entonces sin consideración lo que es una “garantía racional”.

Un ejemplo sencillo del método científico aplicado a la explicación y determinación de los fenómenos (simples o complejos) se verifica al hervir el agua. El método científico determina que el agua hierve a 100ºC, pero su enunciación como hecho verdadero requiere poder llegar a una “garantía racional” para ésta afirmación; porque en realidad, decir que el agua hierve a 100ºC no significa nada, es una verdad relativa.
El método científico certifica que hay una garantía racional para expresar una verdad y es que en determinadas condiciones el agua hierve a 100ºC y la lista completa de esas condiciones es extensa.

Contiene la definición de hervor de una materia o sustancia; la situación física del pasaje de un estado líquido a un estado gaseoso; la fuerza de adhesión molecular de esa materia en particular que pugna con la agitación intermolecular que produce el aumento de la temperatura; el grado de pureza del agua; las condiciones atmosféricas; la demostración de que en la altura la temperatura de ebullición disminuye; la presión de referencia es al nivel del mar; si se le aumenta la presión se acumula energía y si se acelera su vibración interna y a cierto punto, bajo ciertas condiciones en un determinado tipo de reactor pueden producirse una cantidad de kilovatios equivalente al consumo eléctrico de Buenos Aires; y se especifica las condiciones de los aparatos con que se efectúen las distintas pruebas; las variaciones por impurezas, sales o minerales del agua; la composición del lugar (vacío o no) que ocupará el agua una vez llevada al estado gaseoso; la termodinámica del vapor que produzca, etc, etc, etc.
Finalmente quien afirma que el agua hierve a 100ªC está enunciando una verdad, relativa y verificable con una cierta “garantía de racionalidad”.

En cambio quién afirma que el mundo se creó hace 6000 años en 6 días y aquellos teólogos modernos que defienden ésta teoría en la actualidad agregando a la definición de “Día de creación” como una “Etapa de Creación”, no están diciendo ninguna verdad producida por ningún conocimiento, ni fenómeno comprobable por alguna garantía de racionalidad. 
Están reproduciendo una historia inverosímil, a tal punto inverosímil que no adjuntan ninguna explicación; es un relato en el que ni siquiera se animan a hablar más de Universo sino de “Cielo, tierra, minerales, océanos, plantas, animales y hombres (en el último Día-Etapa de creación)",  basándose en un supuesto libro de reportajes llamado del Génesis que no se sabe quién documentó y con qué datos.

Pero yo en realidad, al hablar del agua Y DE LA CREACIÓN, quería hablar de otra cosa.
Lo que me preocupa no es la religión sino la credibilidad y la incredulidad aplicada a nuestra vida, a mi vida, rodeado de gente que cree en cualquier cosa no basada en ninguna “garantía de racionabilidad”.
El 84 % de la población mundial cree en algún dios: el 45 %cree en el Libro del Génesis o en alguna de sus versiones y en mas de un dios, creadores del universo.
El 50% cree en la “percepción extrasensorial”; el 43% en “casas embrujadas”; el 42 % en la “posesión demoníaca”; el 41% cree en la telepatía y en la clarividencia; el 28 % en la astrología; el 15% en el espiritismo; el 32 % cree que Saddam Hussein estuvo involucrado en el atentado de las torres gemelas; el 53% de los norteamericanos está convencido que en Iraq se encontraron armas nucleares; el 60 % de los argentinos cree que el gobierno asesinó a un fiscal; el 50 % cree lo que dice Clarín y ni siquiera se toma el trabajo de cotejarlo con La Nación.

La credulidad en cosas tan leves como las brujas es capaz de preparar la mente para cosas menos leves; y la pseudociencia se ocupa de encausar el “pensamiento crítico” tan bienvenido en el mundo de la ciencia y de las ciencias sociales en particular, hacia un camino de ignorancia absoluta, solo útil a fines inconfesables.
La credulidad en un chisme de televisión ayuda a ser incrédulos sobre temas que nos exceden, como por ejemplo, la posibilidad real y concreta, científicamente comprobada por el análisis histórico y con cierto grado de “ garantía racional” de que un sector poderoso dentro del Gobierno Norteamericano, planea invadir por la fuerza América del Sur. Ya lo hizo, de otra forma en la era en que el Dron no existía, con 14 golpes de estado militares sangrientos.
Ellos le hicieron creer a su pueblo que acá nos comemos a los chicos crudos y ese es su análisis pseudocientífico de la situación.
jp

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