miércoles, 15 de octubre de 2014

SOSPECHAR DE OSVALDO SORIANO ES IMPOSIBLE


Voy a intentar en este momento sin repetir y sin soplar ni que me soplen, sin googlear ni abrir los libros que me miran la espalda, escribir sobre Osvaldo Soriano.
La razón es que Clarín reedita su obra y uno se tienta con la  sospecha. Clarín promueve el negocio Soriano con todo el aparato y la sospecha eriza la imaginación. Clarín sabe de negocios y Soriano siempre es un buen negocio. Si en el arribo de la democracia vendió un millón de libros, nadie duda de lo que dicha potencia vendedora significa en la era virtual. 
Por eso voy a ejercitarme en el autocontrol de la sospecha, de las visiones conspirativas y del refrito intelectual; porque con la obra de Osvaldo Soriano ocurre eso, resiste, condimenta y hace saltar las ollas de todos los guisos intelectuales por derecha y por izquierda.
No me importa que necesiten taparse la nariz con un prototípico  intelectual del nuevo fascismo, un gorila  ilustrado siglo XXI, nacido de las redacciones de la revista sionista Aurora, (M.Birmajer) para “vender” la obra que reeditan, apelando a cualquier cosa (Siempre es sospechoso que para hablar de Soriano y promover su difusión  hagan crítica del proyecto socialista en la Venezuela de hoy o apelen al uso despectivo de la letra K). Pero tampoco importa demasiado que un anarquista recalcitrante como O. Bayer lo defienda. O que un intelectual peronista de ida y vuelta como Saccomano, lo defiende hasta con los dientes. Una filoprofesora de Literatura y un corbatudo panqueque de La Nación lo humillen. Es de esperar que una filósofa naif del mayo francés lo ningunée (Sarlo) parafraseando a Foucault con eso de la palabra y la cosa. Tampoco me afecta, lo digo en serio, dá risa que un montoncito así (y junto los cinco dedos) de nuevos escritores y egresados de humanidades, de filo y de la concha de la lora del Club de Admiradores de Chandler o de Simenon  le dan la espalda alzados en el discurso de las temporalidades; o que el canon académico lo ponga a competir con el canon, mientras los viejos peronistas y los viejos radicales, y los viejos conservadores y los viejos comunistas y los viejos guerrilleros nos  seguimos puteando por el tiro del final.  
Para los utópicos se quedó corto, para los sintópicos no existe y para los culotópicos se fue de mambo.

Yo aprendí de Osvaldo Soriano que la memoria es esa mentira, la que él calificó de exquisita. Entendí posiblemente tarde, que la vida política argentina si no fuese tan argentina, tan triste y tan trágica, sería un cago de risa y que se puede contar la  tragedia sin necesidad de contar los muertos y hasta se puede armar una psicología de lo trágico sin hacer inventarios morbosos.

Una anécdota que publicó no sé quién ni  sé dónde,  verdadera o falsa, narrada por él mismo o por terceros, (no importa demasiado)  lo pinta genial: 
En el exilio forzado por la AAA, en una ciudad de Europa que no recuerdo, Soriano se dedicaba a contar los patos de una laguna municipal que desconozco; consiguió un puesto de ñoqui que justificó ante su conciencia convenciendo a otro exiliado latinoamericano (creo que de origen peruano)  para que se afanara de noche algún pato de la laguna y legitimara ese absurdo laburo de inventariar patos públicos (¿O eran cisnes?). 
La culpa y la imaginación de las culpas. Eso es Soriano; es el falso piloto en la escena del avión peronista, que en realidad esta parida por la historia real, porque el avión verdadero jamás logró despegar de Don Torcato pero con o sin mierda, existió.

Ningún tipo que haya laburado junto a Walsh, Urondo, Gelman, Dal Masetto, Briante, Rabanal, Bayer, Eloy Martínez, Bonasso, etc, en Primera Plana, La Opinión y Página 12, puede hacerse el boludo y él no fué parte de la legión póstuma de arrepentidos, ni de flojos, ni de héroes, ni de traidores.
Soriano fue nacionalista y estuvo cruzando fronteras por culpa de su internacionalismo, fue ateo y cristiano, fué peronista y anduvo a los tumbos por culpa de Perón; fué de izquierda y anduvo a los saltos por culpa de Stalin o de Trotsky o de Fidel, no lo sé, pero fué socialista, anarquista, chinófilo, borgeano y jauretchano, idealista y democrático, todo junto, como cualquiera; y  un antimilitarista furioso al que la furia nunca opacó gracias a la acidez de su brillante e inteligente humor. Un humor de esquina cultivada.
Pasó los mejores años de la vida lejos de sus señas vitales, del pulso del barrio, del club, del feca, del potrero y de los afectos. Si ésta maratón no te conduce al pucho te lleva a sitios peores. Además se destacó en la defensa de los Derechos Humanos durante la Dictadura y en Europa, que no es un apartado mas de ningún currículo sino una huella del alma que se sostiene como se puede. 
Nos  dejó una obra breve y exquisita como su memoria.

Yo lo conocí en democracia, entre el 83 y el 97 compré, robé, leí y releí, presté y perdí  sus libros, miré las películas y recorté sus contratapas de Página12.  Por la memoria de la piel que me queda es que recomiendo leer a Osvaldo Soriano (Su obra se consigue en todas las librerías del país), porque es imprescindible y porque siempre se escapa, aunque sea en un viejo y destartalado Citroen 2 CV, siempre
elude  toda sospecha y  todo el arsenal repulsivo de las buenas costumbres ilustradas argentinas.

JP


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