viernes, 26 de septiembre de 2014

DIARIO DE UN PELOTUDO CINÉFILO

Las fotos de KAOS no hacen click  (Mr. Big - el enano)

I - El tiempo pule, ensaya sobre el error, perfecciona la materia y realza sus propiedades.
Suele ocasionar tanto beneficios temporales como daños colaterales. Abocado a la inteligencia del hombre, el tiempo multiplica su capacidad creadora; absorto en la ganancia alimenta el  hambre; si se ocupa del amor construye la belleza y  dedicado de lleno a la ignorancia, puede diseñar con una banda de  jóvenes estúpidos, una multitud de  viejos idiotas.

II - Ayer a la nochecita ocurrieron un montón de cosas. Una serie de sucesos precisos ordenados minuciosamente. Los trataré de relatar,  respetando mi escasa memoria, lentamente:

“Hay dos amigos en escena, uno pobre, sobrio, necesitado y torpe; el otro un hombre rico y alcohólico, generoso durante la borrachera y despótico en la sobriedad. El borracho le presta un fajo de dinero al sobrio antes de caerse muerto en medio del escenario. El pobre pide ayuda, entra en escena el mayordomo. Ahora hay tres personajes en escena. Este  acusa inmediatamente al torpe de asesinato y robo. El torpe sale al portal, un pilar, una reja, quiere pedir auxilio, tropieza  y se lleva por delante a un policía uniformado que lo acompaña de regreso al interior. Ahora hay cuatro personajes.  El rico yace en el piso entre el mayordomo acusador, el policía dubitativo y el pobre desesperado, explicando que ese dinero fue un préstamo del difunto. El policía saca un revólver de su cintura y le apunta al torpe. Todos gritan, acusan o intentan defenderse.  En medio del caos, el muerto resucita; en realidad sale de un shock alcohólico y mira desorbitado alrededor. El mayordomo intenta reanimarlo y no puede, el policía le entrega el arma pidiéndole que siga apuntándole al pobre mientras trata de levantar al rico. El hombre alcoholizado es pesado, entonces el obsecuente mayordomo le entrega el revolver al pobre y se dispone a ayudar al policía. Lo levantan mientras el pobre, sobrio, torpe y desesperado hombrecito les apunta con el revolver sin prestar atención mas que al resucitado. El policía y el mayordomo se ponen a la defensiva ante el arma, hasta que el pobre se da cuenta y le devuelve el revolver al policía que lo vuelve a colocar en su cintura. Le preguntan al rico si conoce a su amigo y contesta, con cara de malo,  que no.”

Esta escena transcurrió exactamente en 56 segundos durante la proyección de Luces de la Ciudad (City Lights – 1931) de y por Charles Chaplin, en pleno desafío al cine sonoro de esa época; ayer a la nochecita en Moviecity Clasic, en blanco y negro HD, muda y con un versión en cuplé clásico de La Violetera de José Padilla como música de fondo. Inolvidable film y una metáfora exquisita sobre el amor, la falsedad, la belleza y la hipocresía.

III – El cine es un arte o un documento, no es nunca una prueba, es un compilado subjetivo y como tal no constituye efecto acusador para la Justicia. Si así fuera John Wayne y Silvestre Stallone debieran haber muerto  en la cámara de gas o en la silla eléctrica.
El video del motochorro no contiene testigos, el turista que lo grabó no se presentó a denunciar delito alguno, el objeto del delito no existe, el arma no se presentó y si se presentara no serviría como prueba de nada, porque no hay constancia del uso, la moto era particular del acusado (al que legalmente, nadie acusó), no hay una lista de objetos robados, no hay daños físicos ni mentales que exponer, la supuesta víctima (Digo supuesta porque bien podría tratarse de una escenificación armada para apostar a You Tube y sus beneficios de viralidad) no está presente y manda mensajitos por Twitter.

IV - La Justicia Argentina es esto, una Institución a la que se ofende con omisiones importantes, una estructura por momentos oligarca y fraudulenta  pero  mil veces mejor que USTED. Es mucho mejor así, con ésta Justicia en reparación, a que algo importante quede en manos suyas, en sus relatos maricones de hombre justiciero, en su enfermedad mediática, en su ignorancia de mamotreto pliocénico, en su alma de vampiro que solo tiene orgasmos cuando corre la sangre de otro o  se mata a un negro.

V – El día culminó con una lluvia elegante.


JP

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