viernes, 29 de agosto de 2014

BREAK


La Savora pica


Nuevamente, en tres cuartos finales de la vida X tiene cara de break. Intuye que no hay retorno. 

Lo que fue y lo que no, la realidad y el sueño. El tiempo imparable.

Esa cara se pone así cuando golpeas una puerta y sabes que ya no te van a abrir, o te lo dicen por el portero – ¿Quién?– Ah, el Sr. Proyecto no puede atenderlo – Disculpe.

X no tiene mas proyectos que ver una buena película y dormir sin pastillas. 

Está por largarse a llover.

El break está dibujado a rayitas, le atraviesa el entrecejo y le estira las comisuras de la boca. El break hace pausa en la barba, se desliza por lo poco que le queda de cabello, se detiene en las manchas recientes de la nariz.

Las pastillas están en una cajita con un agujero de troquel en el segundo cajón y las buenas películas no existen, bien podría reemplazarlas por alguna comedia de veinte minutos con diálogos absurdos, pero está el nene.

Las próximas 3 horas el break cambiará de canal y sintonizará en el del nieto o se pondrá a dibujar pixeles por la tormenta y habrá que imaginarse algo.

El intruso le pide que ponga a los Simpson y tira del control remoto, pero X siente que no es el momento de absorber una sola gota mas de cinismo americano; piensa que, si quiere, ahora mismo va hasta la ventana y se caga de risa del primer discapacitado que pase por la vereda de enfrente. Listo. Es más sano. Y no  cede el control.

El pequeño se conforma con un juego de palabras sencillo y didáctico – siete mas seis - pregunta - trece – el pito te crece – risas, verdaderas y genuinas carcajadas de nieto, que no entendía ese juego hasta el verano pasado y ahora se agarra el pito con ambas manos mientras se ríe con un gesto guarango que solo se permite realizar ante éste viejo permisivo.

-Siete mas seis- le pregunta por tercera vez al abuelo que no contesta porque está estancado en la ventana.

Astuto y perseverante, el pequeño dictador saca del placard la caja de una batalla naval con pines rojos y amarillos.

X está tocado, sabe que el break es así, para estar hundido primero hay que ser tocado dos, tres, cuatro veces; después dan ganas de llorar pero ya no se puede.

Sin trampas, le dice, se dicen – Esta vez, sin trampas - y se apuntan mutuamente con un dedo.

Acomodan cada uno sus cinco barquitos sin mirarse. Reparten los pines.

Primero yo: 

A1 – ataca el pibe.

X se siente caer, un círculo de mar en torbellino se abre en el medio del tablero y el primer pin lo manda al fondo.

Por la vereda no pasa nadie y comienza a llover. 
X no va a llorar.

A1 - repite el niño atroz que tiene enfrente - ahora lo mira serio esperando una respuesta inmediata

¡A1! – insiste imitando los ojos malvados de Burns .

Hundido - responde por fin el abuelo X rascándose la cabeza en un acting de falsa desesperanza y un brillito en la mirada ampliado por los lentes.

– ¡Mentís abu, estas haciendo trampa, no hay barcos de un casillero solo!-

Hace que se enoja y se tira de costado en el sillón pensando que ahora podría pedirle al viejo un pancho con mayonesa, pero ahora mismo no, porque le brillan los ojos.

X cierra el tablero con el pin rojo clavado en el ángulo. 
Llueve cada vez más; mira hacia la ventana enceguecida por el agua, mira al nieto que se hace el enojado cruzando los brazos y percibe que el pibe está  imaginando otras alternativas, entonces, antes que corra de nuevo a revisar el placard le entrega el control remoto

–¿Estás aburrido? Tomá, poné a los Simpson; mientras voy a preparar unos panchitos.

- Para mi con mayo, abu;  la Savora pica – contesta dulcemente mientras Homero le pincha todos los globos a Lisa y X no puede contener las rayitas que dibujan en su cara una alegre y estúpida mueca de resignación.


JP

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