martes, 28 de abril de 2015

El nuevo burgués



Antes un burgués, sin perder la codicia – o tal vez a causa de ella - era un gran consumidor de cultura. Tenía acceso exclusivo a las universidades, a los viajes, a los libros, a la música, a todas las expresiones del arte y creaba la cultura burguesa de su propia clase con enorme maestría. A esos burgueses, los nuevos burgueses les deben todo, hasta la misma revolución industrial, el lenguaje, las ideas, las herencias y los apellidos. Hay cierto orgullo burgués que distingue lo que se supo obtener - no importa cómo- de lo que vino de regalo. Una parte importante de esa cultura del trabajo burgués la adquirieron nuestros antepasados más inmediatos. Muchos inmigrantes pobres pudieron cumplir el sueño pequeño burgués del taller, la fábrica, el campito o el negocio propio.
Lo primero que quisieron consumir cuando lograron zafar de un salario, fue cultura, viajes y turismo, el mar, las bibliotecas, las colecciones de enciclopedias en el living de la casa, el teatro, el cine y la educación de los hijos hasta la universidad, cueste lo que cueste.
Yo no sé que pasó-aunque me lo imagino- pero la cuestión es que hay una generación flamante de burgueses argentinos de escuela privada y guita dulce que son más brutos que mi abuela María cuando curaba la sarna con panza de sapo.
Un altísimo porcentaje de los nuevos burgueses argentinos son ignorantes y maleducados, profesionales lastimosos, comerciantes improvisados, tipos elementales al grado del aburrimiento, huérfanos de vocabulario, vagos, consumistas, hiperconectados (con nada), groseros y pedantes, soberbios empedernidos, hedonistas, misóginos, insensibles, prepotentes y dolarizados.
Les encanta hacer fiestas y ser líderes de estimulación; no se cansan de decir que odian la política. Estudiaron leyes, mercadeo o alguna licenciatura y lo demás lo compran hecho. Son más peligrosos que sus tatarabuelos capitalistas y más sanguinarios que un ejército colonial.
Parecen sacados de una película berreta de teens masturbándose, poseídos de repente por un extraño maleficio que les enrojece la mirada.
A veces son imprevisibles, pero cuando juegan con globos y bailan la cumbia, es que están preparando una masacre.
jp