viernes, 4 de julio de 2014

Un Mundial de Fútbol lo gana cualquiera


 Por suerte cualquiera puede salir campeón, de otro modo el fútbol sería menos apasionante que el cricket o tendría los mismos previsibles campeones diez años seguidos como el tenis.
Por suerte la Historia de los equipos no sirve para nada, ni jugando de local. Puede venir cualquiera y ganarle a Brasil, a Holanda  o a la Argentina, eso es lo que mantiene la adrenalina en marcha. Entonces ese cualquiera deja de ser cualquiera, entra a la Historia Grande  y se convierte en Cabeza de Serie y es probable que dentro de cuatro años se vuelva a su casa al segundo día.
La Historia es de amor, y se mantiene entre nosotros y los ídolos, como amantes apasionados, hasta que otro amor con la misma pilcha lo sustituya.
El campeón anterior, el que levantó la copa pasada, casi siempre se va antes; ganar dos mundiales seguidos es una rareza, lo logró Italia hace 80 años y Brasil en los 60.
Ningún técnico hace goles y el Orden, en el fútbol, por suerte  no significa nada.
La Táctica y la Estrategia te la pueden destruir un palo, una pelota húmeda, una tibia inflamada, un recuerdo profundo en el momento de patear, un amague de mas, una mordedura, un ataque de pánico de un mediocampista, un agarrón de la camiseta, un árbitro nervioso, un juez de línea miope, un dolor de huevos, la tetona que te grita desde la platea o un exceso se medicación antigripal.
El Pizarrón se inventó para anotar con tiza el menú. El famoso Dibujo del equipo en la cancha te lo borran en cualquier momento; porque el Dibujo es animado y los personajes se van moviendo; algunos como el pérfido Coyote y otros como el Correcaminos, hasta que un coyote torpe y malvado te hace un gol de rabona o de casualidad y los correcaminos se quedan sin piernas y van cayendo de a uno en un precipicio con silbido en fade out hasta la nubecita de polvo.
El Nivel es un artefacto que indica la rectitud de un plano o una marca de pintura en la piscina, o una estaca en un río;  lo que tienen los equipos de  fútbol es un profundo Desnivel en movimiento perpetuo, de ahí la gracia y la sorpresa. Todo lo que se mueve vive, menos Joseph Blatter.
El Origen, o sea la creencia de que el fútbol es como la vida de un país por otros medios, es una barrabasada sociológica  ilustrada plena de racismo social, étnico y político que cualquier jugada puede desmantelar. Hasta los 120 minutos, cualquier ser humano del planeta te la puede embocar, desde cualquier ángulo y de cualquier manera. La posibilidad de que te la emboquen subyace en el inconsciente colectivo y no siempre es tan malo, aunque no tenga remedio.  
Al final está el Penal, esa sentencia que en el barrio llamábamos El Fusilamiento y terminaba mal; siempre los fusilamientos  terminan mal.

Nos apasionamos mas por el misterio que por la certidumbre; el final abierto, la conclusión de que el asesino puede ser cualquiera y mantenerse oculto entre la multitud, a la vista de todos en un rincón de la cancha, incluso en el banco de suplentes o corriendo afuera de la línea de cal con una banderita que se traba inoportuna en el tubito del gas pimienta y se muestra a destiempo.
Si ganamos bien; pero si ganamos creyendo en Dios estamos fritos, nunca podremos festejar nuestra propia grandeza en paz. Dios no existe y eso lo sabe hasta Maradona, aunque siga boqueando y mire para arriba.
JP



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