domingo, 20 de julio de 2014

El vino y la canción
Algunas veces lo que hace falta es muy poco. Una copa de vino, alguien que te hable. Que te digan algo sencillo pero nada hueco. Un amigo; nada grandioso. Estoy cansado de gente astuta. No quiero escuchar sentencias demasiado inteligentes. Suenan a cargada. Un amigo y una canción. Eso. 

A veces una canción te llena la piel de espinas y otras simplemente te hace llorar. Y si te preguntan como estás y respondés bien, o mas o menos, o no sé; cada palabra dice o calla. 
También hay palabras calladas, eso lo aprendí escuchando. Con las canciones pasa lo mismo. Las canciones que nos pinchan están afuera tratando de entrarnos y las que nos hacen llorar pugnan por irse. 
Tal vez ni siquiera es así y uno llora solo de tristeza o le pica la camisa o se le pone esa piel de pollo de puro tonto rendido a la melancolía. 
O la melancolía es una deformación políticamente correcta del cinismo. 
No sé pero debió notarse. Cuando me preguntó cómo estás ya sabía. Percibir mi tristeza no es difícil; y como es un amigo respondí no sé y compartimos callados,  la canción y el vino.
JP


Programa de la tarde
Técnica mixta sobre Hardboard 
70x100cm

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